Cuando el destino se encuentra con la casualidad, alguno de los dos pierde dejando paso a la realidad, nutrida de las cosas más imposibles, alienada de sentimientos, caracteres egoístas, manos cálidas y sonrisas con muecas. Por suerte la vida me sabe cambiante y abierta, nunca supe ser sino distinta, junto con los cambios en los otros, mis propios cambios; arremangando el alma para siempre probar que se puede tomar agua del arroyo caudaloso. Y se puede nadar, refrescar los pies, o temblar de frío.
Cada vez que pierdo una mirada como la que me diste dejo una parte de mi alma en el río. Y no es que no me quieras, es que sos como un pececito, y no es que no te quise, es que no puedo encerrarte en mi pecera. Y buscando de alguna forma alejarme espero seguir el viaje por un sendero curvo, que me devuelva de alguna forma las caricias -ésas, tan suaves- y la forma que tuviste de abrazarme por el mundo. Siempre serás un mar, mi mar...
Ya no me apabullan las historias llenas de espejos quebrados, o encontrarme con almas suturadas con desgarros profundos, sólo me da pena no ser curandera para mejorarlas, y que de alguna forma nos curemos juntos. Pero éste es otro adiós, muy diferente, sin dejar que se enfríen del todo las brasas moribundas, es un adiós sabihondo y compungido, que ha sido aprendido de otros olvidos más rotos.

Aww. I did. I kept you in my memory. Deep hidden... but still there. Every time a piano is pulsed I remember your hands, and then your look came to my eyes, perhaps your smell hangs in my nose still… What happened in all these years since we don’t see each other? I wonder…

Do you remember all those days of guitars and chords? The afternoons enjoying croissants with coffee & milk… or pizza & concert nights... I do, like if they’re never gone. And I miss you so much.

I miss the music we created; I miss your shy company, your long figure trying to wait for my little steps so we could go together to the rehearsal room. I miss the way you used to express yourself through notes and lyrics. Because, in some way, we spoke the same language.

Where are you now? Have you found love in your way? Have you tried to open up to the world as I taught you? I want to believe that you still remember me too, just like this, just like the girl with maroon curly hair which sang like angels and kisses like demons…

I dreamed of you. I don’t remember exactly what. But somehow all the pain of our rupture came over me. I really loved you silly boy, very much, and never told you so, because it was already a pain uneasy to go. It doesn’t matter; you knew it.

And it is still a pain the price you’ve paid for your friendship baby, I’m still paying my part.

You’re the best song I sang, but the love scar that hurts the most.

No one else has played my guitar like you since then… no one.

Por qué no veo lo que hay en mí. Será el miedo. Será la costumbre. Los años. Será que siempre necesité aprobaciones. Será que en mí conviven el arte y la ciencia como Dr. Jekyll y Mr. Hide. Me pregunto cuál de los dos tira más para vencer. Uff… tengo demasiadas cosas en la cabeza y demasiado pollo en mis intestinos, todo se revuelve.

Tal vez sólo quería saber si realmente era buena. Si tenía talento. Si de algo servía mis locas ideas y mis cuerdas vocales. ¿Te gusta mi voz? ¿Te gustan mis poesías? ¿Te gustan mis cuadros? ¿Cuán lejos puedo vivir con eso como medio? ¿Cuánto tira en mí la bohemia y cuánto la pueblerina atada a sus costumbres?

La lucha se batió toda la tarde en mi pecho bajo el sol. Pensaba… “mi propia profesora de lengua nunca me alentó a escribir, y admito, nunca me leyó. Sólo sabía enseñarme una cosa: no hacer lo que ella hizo”. Y la inseguridad, junto a mi baja autoestima (por no ser linda… si por eso), y junto a mi exagerada confianza en que tenía la capacidad de estudiar más que otra cosa en la vida, me trajo hasta acá. Hasta un lugar donde no sé si quiero permanecer. ¿Es tarde ya?

Las inminentes canas se afloran por el cuero cabelludo, a pesar de mis rasgos de niña temerosa del destino. Y pienso que mis frustraciones en algún momento saldrán de mi pecho como las notas que aprendí de oído. Sí, todo de oído. Todo lo que me gusta lo aprendí sola. Los caminos que recorro me los abro con tan poca fe. Y no encuentro demasiadas respuestas. No puedo madurar, no consigo controlarme, y me aterra.

El debate interno prosigue. El desligue. El aceptar que no estoy sola, pero en el fondo lo estoy. Que nadie puede decidir por mí, que mis problemas no son todo sobre mi madre, sino por MI. ¿Por qué me ato tanto al dolor? Hay pérdidas que ya no sanarán… dejar de sentir culpa, eso necesito. Dejar de volar es algo que nunca consideré. Y no quiero pertenecer a otro mundo más que al de los amantes del jazz, del amor, y de las tortas de durazno y ciruela. No me interesa si no llego a tener un Mercedes o una casa en Funes Hills. No me importa.

Convivir con mi propia complejidad interna y mi cursilería es peor que tener diez críos gritando por la casa al mismo tiempo. Lazos emocionales que se rompen, o atan, decisiones apresuradas, puertas cerradas, ventanas abiertas… Hay una rebelde que intenta salir. Hay una ‘niña bien’ que intenta permanecer. Me pregunto si podré hacerles un trato, como los hombres lobos y los vampiros, de coexistir en paz. O una terminará matando a la otra.

De verdad, espero que ésto funcione.



Ya no sé si es inocente o cínico, travieso o descuidado, ya no sé demasiado, sólo sé que la flecha no apunta a mi blanco. Con tantos años arremangados en el alma, a veces me cuesta aceptar que el que no siente, gana –testaruda-. Todo puede ser una canción, un pedazo de letra siempre pega con alguna parte del universo. Nadie valora más a un poema que un poeta. Al decir una frase se puede evocar al dios de los deseos inalcanzables para que azote las espaldas de los infieles. Sólo accedo con esfuerzo a encerrarme en mi prisión de cedro, para que no veas que mis ojos se tornan azabaches al oler tu pelo. Pero qué ganas, qué inmensas ganas de demostrarte lo jugoso que puede ser morder esa manzana, dejar un hilo de excesos correr por la mejilla, cerrar tus ojos cielo en tardes peregrinas, y despertar en tus sentidos todas las cosas que nunca te atreviste a soñar. ¡Mirá, mirá lo que me hacés hacer! ¡Dejás que mi cabeza juegue carreras de imaginación contra ella misma, hacés que la adrenalina me deje exhausta aunque no haya movido un dedo! Hay un lugar en los cuentos donde la loba se enamora del cordero, y le beau du la bête. Por suerte no podés ver qué tengo guardado en mi manga… puedo hacer lo que quiera… lo que quiera… y ni siquiera tengo mirilla. Hay sólo un problema: me gustan las manzanas rojas, no las amarillas…

Ah la vida y sus locuras. Por ahí te da un dulce, y luego como una vieja maliciosa te lo arrebata. O le propone al artista la musa más hermosa para retratarla en un cuadro, y luego lo enfrenta en competencia con una obra inmejorable, dejando el suyo como una piltrafa. Es así, la turra está llena de secretos y de revelaciones, de abrazos de oso y de cachetadas torpes. A veces se trata de dos, otras de uno. Uno y sus limitaciones, uno y sus deseos, pero ¿qué hace una escritora desprolija deseando a un Adonis? No sé si reírme… qué desgraciado, el destino me deja en la puerta semejante caramelo… es el colmo del diabético… Pero ya sé, cuántas veces la vida te deja plantada en la esquina y el colectivo nunca pasa. No es nada personal, es algo consecuente. Qué feo es el gusto de la resignación, guacala, no, ¡¡no quiero tragarla!! Igual, otra cosa que tiene la vida son asimetrías y extrañezas, por ahí, quién te dice…Ya dejo de sorprenderme cuando veo fuegos artificiales…
La Kabalá es un método antigüo que investiga y define la posición del ser humano en el universo. No es un estudio abstracto o teórico, sino práctico. La persona investiga sobre sí misma, quién es y cómo es. Aprende lo que debe hacer para cambiar, etapa por etapa, paso a paso, enfocándose en su propio interior, a través de un sexto sentido, el sentido espiritual aún dormido, conocido como "el punto del corazón" o "vasija espiritual" (kli), que no es más que el Alma.